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Un año construyendo KaiNext. Honestamente.
Desde niño quise tener mi propia empresa. El 17 de abril de 2025 me despidieron. Esto es lo que pasó durante el primer año de KaiNext.


Desde niño quise tener mi propia empresa. No sabía de qué. No sabía cómo. Solo sabía que me apasionaban dos cosas —la informática y los negocios— y que en algún punto iban a tener que juntarse.
Lo que no sabía era cuándo ni cómo iba a materializarse eso.
Desde los 22 años no había estado un solo día sin trabajo. Entré al mundo tecnológico en Chile en 2017 y nunca más paré. Siempre me llovieron ofertas, siempre hubo opciones. Cuando me despidieron el 17 de abril de 2025, mi ego estaba en su punto más alto. Mi primera reacción no fue miedo. Fue casi indiferencia: voy a encontrar trabajo en dos semanas, pensé. Máximo.
Pero eso vino después. El 17 de abril lo que tenía era tiempo, un cliente, y por primera vez en años, ninguna excusa para no hacer lo que siempre había querido.
Llamé a mi padre
Semanas antes del despido había cerrado un trato con Patricio, distribuidor de productos que vende desde la Región del Maule a todo Chile, abasteciendo minimarkets y supermercados. Su negocio movía millones al mes gestionado entre un Excel con una estructura que solo ellos entendían y una app llamada Mi Negocio que obligaba a crear un usuario por cada vendedor y actualizar el stock manualmente en cada perfil. Me había insistido bastante para que lo construyera.
Tenía el trato. Tenía la idea. Lo que no tenía era la empresa para facturarlo.
Lo primero que hice fue llamar a mi padre.
No para pedirle dinero. No para pedirle nada. Solo para contarle. Él era la única persona en el mundo a la que podía decirle "me despidieron" sin sentir miedo ni vergüenza. La única persona que sabía que no me iba a juzgar, que me iba a escuchar y me iba a decir tira para arriba.
Y así fue.
Los días que siguieron fueron intensos en paralelo. Yo avanzaba a toda velocidad con el proyecto mientras al mismo tiempo definía la empresa: nombre, concepto, giro, servicios, todo lo que se necesita para constituir una empresa en Chile.
El 21 de abril mi padre vino a mi departamento en la noche. Contador auditor, ingeniero comercial, MBA, más de treinta años en contabilidad y finanzas. Nos sentamos, me explicó que lo más eficiente era una sociedad limitada de servicios profesionales entre los dos, con facturas exentas de IVA, y esa misma noche fundamos KaiNext Solutions Limitada. Una de mis habitaciones quedó registrada como la oficina de la empresa.
Despedido el jueves. Empresa constituida el lunes siguiente.
Mi padre ha sido la persona que más me ha apoyado en todo este proceso, y en toda mi vida. Eso también es parte de la historia de KaiNext.
El cliente que casi abandono
El proyecto era técnicamente claro. Inventario centralizado, ventas, comisiones, facturación electrónica, reportes por sucursal. Construí disrover.com, una plataforma desde la que hoy administran todo. Eliminaron el Excel. Se salieron de Mi Negocio. Si quisieran, podrían escalar hacia ecommerce con los mismos productos que venden en físico.
Lo difícil no fue lo técnico. Fue aprender a trabajar juntos.
Patricio construyó su negocio a pulso, a puro trabajo duro, enfoque y constancia, levantándose temprano todos los días, generando relaciones con sus clientes y manteniéndolas en el tiempo. Eso es lo que levantó su negocio. Pero su mundo y el mío son distintos. Su forma de comunicar lo que necesitaba y mi forma de entender los requerimientos no calzaban naturalmente. Había audios a las seis de la mañana. Conversaciones enredadas. Un regateo en medio del proyecto que no esperaba.
Hubo un momento en que estuve a punto de decirle que no seguía.
No lo hice. Los dos tuvimos que hacer el esfuerzo. Él tuvo que adaptarse a mis tiempos y a mi forma de trabajar. Yo tuve que aprender a leerlo, a entender lo que necesitaba detrás de lo que decía, a comunicarme en su lenguaje. Fue incómodo mientras duró. Al final lo logramos: él con un sistema que transformó la operación de su negocio, yo con mi primer proyecto entregado y pagado.
El sistema corre en producción hoy, veinticuatro horas al día, siete días a la semana.
El arco con Patricio no terminó ahí. En febrero de 2026 alguien me avisó que disrover.com estaba redireccionando a otra página. Hice el análisis forense, identifiqué cómo habían entrado, implementé las mejoras. En marzo volvió a pasar, esta vez con el atacante todavía activo, buscando nuevas vías de entrada. Migré toda la infraestructura a un entorno limpio y dejé un sentinel monitoreando.
Desde entonces, sin incidentes.
Patricio no había querido soporte activo pagado. Es su decisión y la respeto. Lo que aprendí: cuando un cliente elige no contratar protección, el problema no desaparece, solo cambia de a quién le cae encima cuando ocurre.
50.000 búsquedas y un producto que di de baja
En mayo de 2025, mientras Disrover avanzaba, lancé micodigopostal.fun.
El problema era simple: en Chile no había una forma rápida y amigable de buscar tu código postal. Construí algo moderno, un formulario limpio con acceso a ubicación desde el navegador para búsqueda instantánea, conectado a una API que scrapeaba el formulario oficial de Correos de Chile, guardaba el resultado en nuestra base de datos y lo retornaba al usuario.
Publiqué en LinkedIn. Explotó.
2.832 reacciones. 146 comentarios. 135 reposts. Lo sumé al portafolio de KaiNext, lo mantuve operativo varios meses y llegué a tener casi 50.000 códigos postales registrados por los propios usuarios.
Y después lo di de baja.
Mi razonamiento fue que no tenía modelo de negocio claro y que no valía la pena seguir pagando infraestructura por algo que no iba a ningún lado.
Mientras escribo esto me doy cuenta de que probablemente estaba equivocado. 50.000 búsquedas reales, tracción orgánica sin un peso invertido en marketing, un problema concreto resuelto mejor que la alternativa oficial. Quizás en algún momento lo retome, con más experiencia y un modelo de negocio claro para aprovecharlo.
Lo que aprendí: el hype en LinkedIn no es validación de negocio. Pero 50.000 usuarios haciendo algo real en tu producto sí lo es. A veces la diferencia entre un producto muerto y uno vivo es saber leer cuál de las dos cosas tienes.
El segundo cliente llegó sin marketing
El segundo cliente no llegó por LinkedIn ni por Google. Llegó por algo que no se puede comprar.
Andro Ostoic y yo nos conocimos en BancoEstado, donde los dos éramos arquitectos de software. Habíamos trabajado juntos dentro del banco y en proyectos freelance externos. Juntos habíamos construido MiBE+, una app móvil para el banco. Nos conocíamos bien, no solo técnicamente sino en la forma de trabajar, de resolver problemas, de comunicarnos.
Cuando supo que había constituido KaiNext, me contó que él estaba exactamente en la misma situación: trabajando en el banco mientras levantaba su propia empresa, ABCS PRO STUDIO. Le había salido el proyecto Art Santiago, una app móvil. Él manejó todo: backend, frontend web, infraestructura, despliegues. Pero necesitaba manos en mobile y pensó en mí.
No en un freelancer. En mí.
El producto quedó funcionando en App Store y Play Store en agosto de 2025. Segundo cliente de KaiNext.
Lo que me quedó de eso: antes de tener empresa, ya estaba construyendo la base de clientes sin saberlo. Cada proyecto bien hecho, cada colega al que no le fallaste, cada problema que resolviste cuando podías haberte lavado las manos, todo eso es reputación. Y la reputación es el activo que no aparece en ningún balance pero que es el primero en generar negocio.
El trabajo que me permite construir sin desesperación
Con Disrover entregado y Art Santiago en marcha, el seguro de cesantía tenía fecha de vencimiento. Necesitaba un trabajo.
Y ahí fue cuando choqué de verdad con la realidad.
Tecnológicamente siempre he estado al filo, siempre leyendo, siempre probando, siempre mejorando mis flujos de trabajo. Eso no era el problema. El problema era el mercado. Los avances de IA habían disparado los estándares. Las empresas estaban haciendo despidos masivos. Había más ingenieros buenos buscando trabajo que posiciones disponibles. Para optar a los sueldos que quería, sin bajar mi estándar de vida, necesitaba un nivel de inglés que todavía no tenía. Necesitaba mi presencia digital en orden: LinkedIn, GitHub, CV. Tuve que prepararme para competir de verdad.
Postulé a varios trabajos. En algunos ni me llamaron. En otros pasé entrevistas y no quedé. Algunos procesos eran irrespetuosos con el tiempo del candidato — pruebas técnicas, entrevistas, silencio. Eso también enseña: a valorar los espacios donde te tratan como un profesional desde el primer minuto.
Hubo un momento en que pensé: tengo miedo y estoy dispuesto a bajar mis estándares para tener un ingreso estable pronto.
Ese momento pasó.
Thoughtworks fue mi última carta.
Karina Palacios, una amiga que admiro profundamente tanto por su trayectoria como por cómo es como persona, me escribió para contarme que en su empresa estaban buscando gente. Me mandó los roles. Accedí a postular. Ella me recomendó y arrancó el proceso.
Le puse absolutamente todo. El proceso tomó cerca de un mes. Estaba asustado, más de lo que me gusta admitir. Sabía que si no quedaba tendría que replantear todo.
Quedé. El 4 de agosto de 2025 entré como Senior Consultant. Dos días después estaba en el equipo de infraestructura de LATAM Airlines.
Desde entonces he conocido a ingenieros que llevan meses, algunos más de un año, buscando empleo formal. Fui un afortunado y lo sé. Hoy Thoughtworks es como un hogar. Siento que encontré mi lugar, y quiero seguir construyendo ahí.
KaiNext no se detuvo. Siguió en los márgenes del día.
Lo que aprendo en el mundo corporativo y de consultoría lo aplico en KaiNext. Lo que construyo en KaiNext me hace mejor en Thoughtworks. No es sacrificio ni postergación, es un ciclo real y consciente donde ambas partes ganan.
La consecuencia directa es que KaiNext crece más lento. Lo sé y lo acepto. El objetivo no es saltar a KaiNext full time. El objetivo es que KaiNext sea un ingreso adicional real que en algún momento iguale o supere el sueldo, manteniendo Thoughtworks. El escenario de dedicación 100% a KaiNext existe, pero requiere que KaiNext lo justifique con números, no con entusiasmo.
Herramientas que construí para mí
A partir de casos reales que fui resolviendo durante el año, construí herramientas de IA. Primero me sirvieron a mí. Después las abrí en kainext.cl porque si yo tenía ese problema, otros también lo tenían, y así podía escalar sin crear un proyecto nuevo desde cero cada vez.
En ese proceso integré MercadoPago como medio de pago para sitios web. Lo validé de la única forma que te da certeza real: usé mi propia tarjeta y pagué mil pesos por un crédito. Ese pago fue el primer cliente real de KaiNext en ese modelo.
El primer pago externo no ha llegado todavía. Las herramientas tienen hoy cuatro usuarios registrados. Dos soy yo, una cuenta de administrador y una cuenta normal. Los otros dos son personas de confianza que me ayudaron a probarlas.
Es honesto decirlo.
Lo que rescato del proceso no son los números, son los aprendizajes. Construir algo para resolver un problema propio y después abrirlo para otros es la forma más honesta de hacer producto. Sabía exactamente qué resolvía y qué no, porque lo usé en condiciones reales antes de publicarlo.
El camino hacia la herramienta correcta
Mi hermana Silvana estudia derecho y trabaja en un estudio jurídico. En marzo de 2026 me contó que tenía por delante un trabajo enorme: revisar y cruzar manualmente cientos de documentos legales distribuidos en decenas de archivos. Habían contratado ayuda externa para hacerlo. Trabajo manual, fila por fila, documento por documento.
Yo escuché eso en un cumpleaños familiar y esa noche ya tenía la arquitectura mapeada en mi cabeza. El domingo 15 de marzo tenía un prototipo desplegado. Cuarenta y ocho horas desde el cumpleaños al deploy.
El problema era que había construido la solución al problema que yo entendí entre empanadas y bebidas, no al problema real que ella enfrentaba todos los días en su escritorio.
Le pedí que me explicara todo en detalle. Me mandó por WhatsApp una nota de voz de quince minutos, una de dos minutos y un video de siete. Veinticuatro minutos de contenido. Pero procesar veinticuatro minutos de audio a mano, pausar, anotar, rebobinar, escuchar de nuevo, era exactamente el tipo de proceso lento que yo quería eliminar.
Ahí me pregunté: ¿por qué voy a transcribir esto a mano si puedo construir algo que lo haga en treinta segundos?
Esa noche construí una herramienta de transcripción de audio con IA. A las 2:21 AM del 30 de marzo tenía el MVP validado con los audios reales de Silvana. La nota de quince minutos se convirtió en un PDF de cuatro páginas con cada detalle que necesitaba. No se perdió una sola palabra.
La herramienta que quería construir para Silvana era de inteligencia sobre documentos legales. Llegué a tenerla en el dashboard de KaiNext. Arquitectura definida, modelo de datos, plan de implementación completo.
El 22 de abril de 2026 la cancelé.
Silvana había resuelto el problema por su cuenta. Sin usuario real con un problema que no pudo resolver solo, no hay producto, hay un ejercicio técnico. Seguir habría sido seguir por inercia.
Lo que rescato: a veces el camino hacia la herramienta correcta te obliga a construir otra primero. Y a veces esa herramienta intermedia termina siendo más útil que la que tenías en mente. La de transcripción hoy está disponible en kainext.cl, porque si yo la necesitaba, otros también.
21 de abril, un año después
El 21 de abril de 2026 mi padre escribió en el grupo familiar. Había tomado una decisión: quería dedicarse de lleno a la consultoría contable, tributaria y financiera, buscar sus propios clientes, construir algo propio. Además estaba terminando un Magíster en Tributaria. La decisión ya estaba tomada.
Mi primera reacción fue pragmática: le dije que era arriesgado, que el mercado estaba difícil para todos.
Me respondió que iba con todo.
Le dije que tenía todo mi apoyo.
No era solo su historia. Era exactamente la mía, un año antes. El mismo punto de no retorno. Yo también había soltado un trabajo sin certeza de lo que venía. Y lo que vino fue KaiNext.
Esa misma semana le pregunté si quería aparecer en KaiNext. No como apoyo de fondo, como había sido hasta ahora, sino de frente, como parte visible de la empresa.
Le escribí: "Si te tinca, ahora sí podría orientar KaiNext a dar servicios más integrales, optimización y auditoría de empresas a nivel informático y financiero."
Su respuesta llegó en minutos: "¡Sería genial!"
Dos mensajes. Sin reunión, sin presentación, sin deck.
Por primera vez el modelo tenía las dos piezas que siempre le habían faltado juntas: la tecnología y las finanzas, bajo la misma marca, construidas por las dos personas que las entienden de verdad.
El 21 de abril de 2025 fundamos KaiNext juntos. El 21 de abril de 2026 mi padre decidió que también él iba a construir algo propio.
KaiNext siempre tuvo las dos partes. Solo faltaba que los dos estuviéramos listos para verlo al mismo tiempo.
El segundo año empieza ahora
KaiNext tiene un año. Fundada el 21 de abril de 2025. No es rentable todavía.
Pero este año existió de verdad. Un sistema corriendo en producción para una empresa real. Una app en App Store y Play Store. Herramientas que uso yo mismo antes de abrirlas para otros. Un producto que generó tracción real y enseñó lo que tenía que enseñar. Clientes que llegaron sin un peso invertido en marketing, solo por haber trabajado bien antes de tener empresa.
Y todo lo que aprendí este año.
Cómo negociar con un cliente que manda audios a las seis de la mañana. Cómo hacer un análisis forense después de un hackeo con el atacante todavía activo. Cómo construir una herramienta para el problema equivocado, darse cuenta, y volver a intentarlo. Cómo matar un proyecto en el que ya invertiste tiempo sin que eso te paralice. Cómo competir en el mercado laboral más difícil que he enfrentado en mi vida. Cómo valorar un trabajo de una forma que nunca antes había sentido.
Nada de eso estaba en el plan. Porque no había plan.
El segundo año empieza ahora. Con Thoughtworks como mi hogar profesional. Con KaiNext como mi empresa. Con mi padre como socio. Sin garantías, sin clientes en el pipeline todavía, sin rentabilidad.
Pero con un año completo de aprendizajes que no desaparecen. Y con la certeza de que la única forma de aprender esto de verdad era vivirlo.
Empecé este año siendo despedido. Lo termino construyendo una firma con mi padre.
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